Patrón:
De los milagros, de los niños y de los estudiantes.
Historia:
El Niño Jesús de Praga es la famosa estatua del niño Jesús venerada en la Iglesia de Nuestra Señora Victoriosa, en Praga.
Se cree que la imagen fue esculpida en el siglo XVI en un monasterio en España. Allí fue adquirida por Doña Isabela Manrique de Lara y Mendoza, quien la dio como regalo de boda a su hija María Manrique de Lara. Más tarde, la imagen se transmitió a la generación siguiente también como dote de matrimonio, cuando su hija Polixena se casó. Permaneció en posesión de Polixena hasta su muerte, cuando fue donada a los Carmelitas Descalzos de Praga, siendo instalada en el oratorio de su monasterio, donde recibía homenajes especiales dos veces al día.
Con el estallido de la Guerra de los Treinta Años las devociones fueron suspendidas, y el 15 de noviembre de 1631 las tropas de Gustavo Adolfo de Suecia tomaron las iglesias de la ciudad. El monasterio fue saqueado por los soldados protestantes y la imagen del Niño Jesús fue arrojada a un montón de escombros detrás del altar. Allí permaneció hasta ser reencontrada en 1637, con los brazos rotos. Después de su restauración fue reentronizada y volvió a recibir la devoción de los fieles, siendo coronada por el Obispo de Praga en 1655.
La estatuilla tiene 47 cm de altura y está hecha de cera, con un núcleo de madera. Los devotos han ofrecido muchos vestidos ricamente bordados a lo largo del tiempo, que se cambian ocasionalmente. Su fama de productora de milagros data desde cuando aún pertenecía a la familia española, y los prodigios que operaría, según los creyentes, no han dejado de multiplicarse hasta el presente, convirtiéndose en una devoción extremadamente popular no solo en la ciudad, sino que se ha extendido por todo el mundo católico.
Oración:
Divino Niño Jesús de Praga,
atraído por Vuestras palabras de confianza y por Vuestra pacífica mirada, vengo a visitaros, para una conversación de amigo a amigo. Solo en Vos, mi Salvador, encontraré la paz que mi corazón anhela y que en ninguna parte encuentro.
Oh buen Jesús, mucho os he ofendido, pero prometisteis Vuestro perdón a quien recurriera a Vos con fe y amor. Perdonadme de mis pecados. Necesito de Vuestra gracia y fortaleza para seguir el camino del bien. Sed el Maestro que me guíe por los caminos de este mundo tan oscuro y confuso.
Sirva de norma y recuerdo el ejemplo de Vuestra infancia en todas mis actividades y empresas, y que yo sea digno de Vuestra promesa: “Cuanto más me honréis, más os favoreceré”.
Amén.
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