Patrón:
De los navegantes.
Historia:
Nuestra Señora de Nazaret es la denominación dada a una imagen esculpida en madera, que según la tradición fue esculpida por San José carpintero cuando Jesús era aún un bebé, siendo los rostros y las manos pintados décadas más tarde por San Lucas.
La historia de la imagen fue publicada en 1609 por Fray Bernardo de Brito. Este monje relata haber encontrado en la oficina de su monasterio una donación territorial, de 1182, en la que constaba la historia de la imagen, que habría sido venerada en los primeros tiempos del cristianismo en Nazaret en Galilea, ciudad natal de María. De ahí la invocación de Nuestra Señora de Nazaret. De Galilea habría sido traída en el siglo quinto, a un convento cerca de Mérida, en España, y de allí, en 711 a Portugal, donde sigue siendo venerada.
Uno de los grandes milagros de la santa, se trata de un hecho lleno de evocaciones graciosas. Uno de los héroes de la independencia de Portugal, un caballero católico, D. Fuas Roupinho, estaba cazando un ciervo en medio de la niebla y de repente llega a la costa montando en su caballo.
En el momento en que el caballo llegaba al extremo del acantilado, a punto de lanzarse al precipicio, D. Fuas habría evocado a la Virgen, recordando su Imagen, depositada allí cerca. Inmediatamente el caballo detuvo su marcha y, por milagro, D. Fuas se salvó.
En señal de agradecimiento, el caballero donó ese territorio a la Señora de Nazaret y mandó edificar una capilla. Atraídos por la fama del milagro vinieron los primeros peregrinos, entre ellos el primer rey portugués y los principales nobles de su corte.
Hoy la imagen es venerada en el Santuario de Nuestra Señora de Nazaret, en el Sitio de Nazaret, en Portugal.
Oración:
Oh Virgen Inmaculada de Nazaret, fuiste en la tierra criatura tan humilde, hasta el punto de decir al Ángel Gabriel: “He aquí la esclava del Señor”. Pero por Dios fuiste exaltada, y preferida entre todas las mujeres, para ejercer la sublime misión de Madre del Verbo Encarnado.
Adoro y alabo al Altísimo que te elevó a esa excelsa dignidad y te preservó del pecado original.
En cuanto a mí, soberbio y cargado de pecados, me siento confundido y avergonzado ante ti. Sin embargo, confiando en la bondad y ternura de tu Corazón Inmaculado y maternal, te pido la fuerza para imitar tu humildad, y participar de tu caridad a fin de vivir unido, por la gracia, a tu divino hijo Jesús. Así como tú viviste en el retiro de Nazaret.
Para alcanzar esta gracia, (hacer el pedido), quiero con inmenso afecto, y filial devoción, saludarte como el arcángel Gabriel: Ave María llena de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Nuestra Señora de Nazaret, ruega por nosotros.
Amén
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