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Santita Cristina

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Patrón:

De los que sufren de depresión.

Historia:

Cristina nació en el año 288 d.C., en Toscana, Italia. Era hija de un oficial del ejército romano llamado Urbano. Aprovechando que el imperio romano perseguía a los cristianos, Urbano, que era un hombre rudo, perseguía a los seguidores de Cristo abusando de su poder militar. Viviendo en una familia con tal padre, sería difícil imaginar que Cristina se convirtiera en cristiana.

Para tratar de sofocar el movimiento cristiano, que se extendía en el imperio romano, Urbano sometió a varios seguidores de Cristo a interrogatorios terribles y humillantes, en el espacio de su propia casa. La niña Cristina a través del testimonio de los cristianos, comenzó a conocer a Jesús y quiso conocer más profundamente esta fe que tantos perseguían.

Una esclava cristiana quedó prisionera en la casa de Cristina por un buen tiempo. Al ver que Cristina tenía el corazón abierto y quería conocer a Jesús, la esclava la preparó para recibir el bautismo. A partir de entonces, su comportamiento cambió. Empezó a defender a los cristianos y a interesarse por la comunidad cristiana local.

El padre sospechó y comenzó a presionarla, ordenándole que adorara a los ídolos romanos. Cristina, sin embargo, dijo no.

Urbano, inconforme, amenazó a Cristina, pero pensaba que eso sería “cosa de niños”. Cristina, sin embargo, siguió firme, participando de la Eucaristía y de reuniones de oración de los cristianos. Además, visitaba a los presos, daba limosna a los pobres y ayudaba a los enfermos. Su padre, al descubrir todo eso, se enfureció. Por esto, él mismo azotó a Cristina.

Furioso e inconforme, su padre prosiguió con las torturas, atando a su hija y lanzándola al fuego. En ese momento, un ángel la protegió y las llamas no le hicieron daño. Aún más enfurecido, Urbano ordenó que su hija fuera encarcelada. Cristina permaneció en oración, entregando su corazón y su vida al Señor. Urbano, entonces, ordenó atarla a una piedra de molino y arrojarla al lago. Milagrosamente, la piedra flotó y Cristina no se ahogó. La furia de Urbano fue tan fuerte que su corazón no resistió y murió de infarto.

Después de la muerte del padre, Cristina fue encarcelada, acusada de ser responsable de la muerte de Urbano. El sucesor de Urbano, llamado Dio, sometió a Santa Cristina a terribles torturas como lanzarla al fuego. Sin embargo, una vez más, el fuego no la quemó. Ordenó, entonces, que fuera arrojada a las víboras, pero ninguna la picó. Mandó cortar su lengua pero, aun así, continuó cantando alabanzas al Señor. A estas alturas, los cristianos se fortalecieron en la fe y muchos otros se convirtieron a Jesús al ver el testimonio increíble de una niña de solo doce años. Entonces, Dio ordenó que ella fuera muerta a flechazos. Y así partió a los jardines del paraíso. Falleció el 24 de julio del año 300.

Oración:

Te suplicamos, Señor, escucha las súplicas de Santa Cristina, virgen y mártir que intercede por nosotros ante tu trono. Creemos en la comunión de los santos, que nos ayudan porque Tú lo permites. Que ella, que siempre te agradó por el mérito de su castidad y por su gran fe que la llevó a testimoniar tu poder por el martirio, pueda alcanzar de Ti la gracia que tanto necesito: (hacer la petición). Te lo pido por Nuestro Señor Jesucristo, en la unidad del Espíritu Santo.

Amén

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