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Santita Filomena

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Patrón:

Del Rosario Vivo y de los Hijos de María.

Historia:

Existía en Grecia un pequeño Estado en el cual el Rey no tenía hijos, pues su esposa la Reina era estéril, y sentían gran disgusto por no tener quién los sucediera en el trono. Aunque no eran cristianos, tenían en la corte un médico cristiano muy fervoroso, que los convenció de pedir a Jesús. Si Jesús les hacía el milagro de darles un hijo, se convertirían en cristianos; y lo obtuvieron, naciendo una hermosa niña a la que llamaron LUMENA, que significa “LUZ DE LA FE”, y al bautizarla añadieron la palabra FILO, que significa “HIJO DE LA LUZ”, y así quedó el nombre de FILOMENA.

A los doce años hizo votos de virginidad, convirtiéndose así en esposa de Jesús. Cuando tenía 13 años, el emperador romano Diocleciano declaró la guerra a su padre injustamente. Este, al no tener posibilidad de enfrentarlo, fue a Roma con su esposa e hija a pedir al emperador súplica por su pueblo. El emperador, al ver la deslumbrante belleza de esa hermosa niña, le dijo: “No te asustes, no te haré más guerra, pondré a mis soldados a tu lado con tal de que me des a tu hermosa hija en matrimonio”. Estos, con mucha alegría, aceptaron tal propuesta, a lo que Santa Filomena contestó enérgicamente, diciendo que ya estaba comprometida con Jesús su Divino Esposo. Sus padres y el emperador hicieron de todo para convencerla, pero fue inútil.

Entonces, el tirano emperador, viéndose humillado, mandó apresarla y torturarla horriblemente, pensando así conseguir su propósito, pero ella, cuanto más sufría, más amaba a Jesús; al cabo de 37 días de sufrimientos indecibles, Nuestra Señora se le apareció en la prisión, la curó de sus llagas y le devolvió su belleza, quedando más hermosa que antes, y le dijo: “Sufrirás tres días más, después, Yo y mi amado Hijo te llevaremos al Cielo”. El verdugo, al presenciar estos prodigios, se convirtió y se hizo cristiano con toda su familia. El emperador, al verse vencido, el amor que sentía por ella se transformó en odio, y por eso mandó flecharla, pero no acertaron; pensando que eran sus dioses quienes desviaban las flechas, mandó calentarlas en el fuego y disparar contra ella, pero las flechas encendidas, en lugar de acertar, volvieron atrás y mataron a seis flecheros. Después de ser derrotado con este prodigio, mandó arrojarla al río Tíber con una ancla al cuello; un ángel cortó la cuerda, el ancla se hundió hasta el fondo, donde se encuentra hasta hoy, y ella ni siquiera mojó su vestido.

La multitud que presenció estos prodigios se convirtió y glorificó a Dios. Entonces, el tirano, no soportando más su cólera, dio órdenes de que fuera decapitada, y así su alma voló gloriosamente al cielo.

Oración:

¡Oh gloriosa Virgen y Mártir Santa Filomena, que desde el Cielo donde reináis, os complacéis en derramar sobre la Tierra innumerables beneficios, heme aquí postrado a vuestros pies para implorar vuestro socorro en mis necesidades que tanto me afligen! Vos que sois tan poderosa junto a Jesús, como prueban los innumerables prodigios que se operan por doquier donde sois invocada y honrada.

Me alegra verte tan grande, tan pura, tan santa, tan gloriosamente recompensada en el cielo y en la tierra.

Atraído por vuestros ejemplos a la práctica de sólidas virtudes y lleno de esperanza a la vista de las recompensas concedidas a vuestros méritos, me propongo imitarte huyendo del pecado y cumpliendo perfectamente los mandamientos del Señor.

Ayudadme, pues, ¡oh gran y poderosa Santita!, en esta hora tan angustiante en que me encuentro, alcanzándome la gracia . y sobre todo una pureza inviolable, una fortaleza capaz de resistir todas las tentaciones, una generosidad que no rehúse a Dios ningún sacrificio, y un amor fuerte como la muerte por la fe en Jesucristo, una gran devoción y amor a María Santísima y al Santo Padre, y también la gracia de vivir santamente la fe para un día estar contigo en el cielo por toda la eternidad.

Amén

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