Patrono:
De las amas de casa y las cocineras.
Historia:
Marta era hermana de San Lázaro y María de Betania, cerca de Jerusalén. Cuando Jesús se hospedaba en su casa, Marta era solícita y cuidaba de su bienestar. En una visita, Marta se quejó de que María se quedaba sentada escuchando a Jesús, dejándola con todo el trabajo. Jesús respondió en tono de broma: “Fue María quien escogió la mejor parte”. Así Marta se convirtió en el prototipo de la activista Cristiana y María en el símbolo de la vida contemplativa. Marta fue entonces la única que fue a buscar a Jesús, cuando Lázaro murió, mientras María se quedó en casa. La tradición dice además que, para aquellos que decían que ya era tarde y que Lázaro ya estaba muerto, Marta respondió enérgicamente que no tenía la menor importancia pues Jesús lo curaría. Y de hecho, cuando Jesús llegó, Lázaro ya estaba enterrado y su cuerpo ya presentaba signos de descomposición, pero Marta no se inmutó, y con enorme fe, pidió a Jesús que lo curara y este fue el mayor de los milagros de Jesús.
Aún más, ella le dijo a Jesús que creía que el Señor Padre le daría lo que pidiera. En respuesta a esa fe inquebrantable, ella fue la primera en escuchar de Jesús su revelación más profunda. Cuando Marta dijo que ella creía que su hermano se levantaría de nuevo, Jesús le dijo a Marta: “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí vivirá aunque muera, y todos los que viven y creen en mí, nunca morirán.”
“¿Crees esto?” preguntó Jesús a Marta, y ella respondió: “Sí mi Señor, creo que Tú eres el Mesías y el Hijo de Dios.”
La tradición dice además que Marta fue con María y Lázaro a Francia sirviendo como misionera.
Una leyenda dice que en ese tiempo, vivía en las orillas del Ródano, un dragón que mataba a todos los transeúntes y hacía naufragar los barcos.
Marta, a petición del pueblo, fue a buscarlo y lo encontró en el bosque comiendo a un hombre; le arrojó agua bendita y le mostró una cruz. Luego, vencido, Santa Marta le ató su cinturón y allí mismo fue muerto por el pueblo con lanzas y piedras.
Oración:
Oh gloriosa Santa Marta, me entrego confiadamente en tus manos, esperando tu amparo. Acógeme bajo tu protección, consuélame en mis sufrimientos. En prueba de mi afecto y devoción, te ofrezco esta luz, que encenderé todos los martes de esta novena.
Por la felicidad que tuviste al hospedar en tu casa al Divino Salvador del mundo, consuélame en mis penas. Intercede hoy por mí y por mi familia, para que tengamos la ayuda de Dios Todopoderoso en las dificultades de nuestra vida.
Te suplico, gloriosa santa, que en tu gran bondad, me consigas especialmente la gracia que ardientemente te pido y que tanto necesito (hacer el pedido).
Te ruego que me ayudes a vencer todos los obstáculos que se presenten en mi camino, con la misma serenidad y fortaleza que tú tuviste al enfrentar al dragón que tienes a tus pies.
Amén.
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