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Santita Pelágia

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Patrona:

De las bailarinas, las actrices y los cómicos.

Historia:

Pelágia vivía en Antioquía, Turquía, en el siglo III. Era una bailarina bellísima, muy divertida, festiva y pagana. Solía encantar y seducir a los hombres con su baile, alegría, ropa, joyas y otros adornos lujosos que usaba. Y así se convirtió en una de las figuras más conocidas de la vida mundana y social de esa ciudad. Además, claro, de haber conseguido una sólida riqueza y gran influencia, ya que muchos nobles ricos venían solo para estar con ella, quien cada vez más aumentaba sus posesiones y poder.

En una ocasión, su ostentación llamó la atención del obispo Nono durante una procesión, en la que Pelágia asistía como si fuera un simple espectáculo, ricamente vestida y rodeada por algunos pretendientes. El sabio obispo entonces cuestionó a la multitud: si una mujer era capaz de adornarse de esa forma para llamar la atención de un simple hombre mortal, ¿cómo deberíamos nosotros adornar nuestra alma destinada a Dios eterno? Esa observación tocó el corazón de la bailarina.

Ella fue a casa reflexionando sobre las palabras del sermón, y allí lloró de arrepentimiento toda la noche. Al día siguiente, buscó al obispo, quien la envió a una señora cristiana para ser preparada para el bautismo. Fue así que, después, cambió las ropas y adornos de seda y oro por una túnica blanca para ser bautizada. Por la noche, con autorización de él, Pelágia cambió su túnica por una de penitente y abandonó Antioquía. Fue a pie a Jerusalén, a vivir como ermitaña en una cueva en el Monte de los Olivos, donde Jesús vivió su agonía de la Pasión.

Cuando llegó allí, estaba vestida como hombre para evitar que su belleza perturbara a los otros ermitaños, y así vivió siendo llamada Pelagio, de tal modo que todos la olvidaron. Cuando murió, los ermitaños que desconocían su origen descubrieron que Pelagio era una mujer. Entonces reconocieron que se trataba de la bailarina de Antioquía, ahora una simple penitente arrepentida, que se había apartado del mundo, en el seguimiento de Cristo.

Oración:

Dios, nuestro Padre, sé nuestra luz y nuestra dirección en este día. Cuida de nuestra salud y de nuestra paz interior. Ayúdanos, por la intercesión de Santita Pelágia, a ser más nosotros mismos y así encontraremos la alegría y la paz interior. Ayúdanos a vivir intensamente cada momento y nuestra vida, sabiendo que todo camina hacia la unidad perfecta. Por Cristo nuestro Señor.

Amén

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