Patrón:
De los abogados.
Historia:
Yves (o Ivo) Hélory nació el 17 de octubre de 1253, en la baja Bretaña, Francia. Era de familia de la pequeña nobleza, con educación esmerada y cristiana.
Cuando terminó los primeros estudios fue enviado en 1267 con 14 años de edad a la Universidad de París, donde estudió teología, teniendo la oportunidad de ser alumno del grande y famoso Santo Tomás de Aquino.
Participó con San Buenaventura en varias conferencias aprendiendo el espíritu franciscano, luego fue a Orleans en 1277, donde se especializó en Derecho Civil y Derecho Canónico, volviendo posteriormente a Bretaña.
Fue consejero jurídico y juez eclesiástico, trabajando como juez episcopal en 1280, en la arquidiócesis de Rennes.
En 1824, fue ordenado sacerdote a invitación de su obispo, continuando trabajando como abogado y juez, multiplicando sus actividades, pues en ese tiempo aún se permitía varias actividades para el sacerdote, y muchas personas recurrían a él. Obtuvo el título de “Abogado de los Pobres” por su intransigente defensa de los menos favorecidos, construyendo hasta un hospital donde ayudaba a cuidar a los enfermos personalmente, pues era un Fraile Franciscano.
A Ivo le gust
aba pasar la noche en vigilia alimentándose solo de pan y agua. Esas noches las pasaba en estudio y oraciones, pero también salía en busca de los más necesitados para predicar, orientar, ayudar con su dinero a los más pobres.
Ivo de Kemartin (como también era conocido), murió a los 50 años de causas naturales el 19 de mayo de 1303. Está sepultado en la Catedral de Tréguier, donde es objeto de devoción de los fieles hasta los días de hoy.
La creación de la Institución de los Abogados de los Pobres, como la Defensoría Pública de los días actuales, fue inspiración de Santo Ivo, que siempre defendió las causas de los pobres, viudas y menos favorecidos. Por eso, en varios países, en la fecha de su fallecimiento se celebra el día de la Defensoría Pública.
Oración:
Glorioso Santo Ivo, lirio de la pureza, apóstol de la caridad y defensor intrépido de la justicia. Tú que, viendo en las leyes humanas un reflejo de la ley eterna, supiste conjugar maravillosamente los postulados de la justicia y el imperativo del amor cristiano, asiste, ilumina, fortalece a la clase jurídica, a nuestros jueces y abogados, a los cultivadores e intérpretes del derecho, para que en sus enseñanzas y decisiones, jamás se aparten de la equidad y la rectitud. Amen la justicia, para que consoliden la paz; ejerzan la caridad, para que reine la concordia; defiendan y amparen a los débiles y desprotegidos, para que, pospuesto todo interés subalterno y toda afección de personas, hagan triunfar la sabiduría de la ley sobre las fuerzas de la injusticia y del mal. Mira también por nosotros, glorioso Santo Ivo, que deseamos copiar tus ejemplos e imitar tus virtudes. Ejerce junto al trono de Dios tu misión de abogado y protector nuestro, para que nuestras oraciones sean favorablemente atendidas y sintamos los efectos de tu poderoso patrocinio.
Amén



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