Patrón:
De los monaguillos, acólitos y ceremonieros.
Historia:
En los primeros siglos, la Iglesia de Roma contaba con cincuenta sacerdotes, siete diáconos y más o menos cincuenta mil fieles en el centro de la ciudad imperial. Tarcisio era uno de los integrantes de esta comunidad cristiana romana, casi toda diezmada por la furia sangrienta del emperador Valeriano.
Tarcisio era monaguillo del papa Sixto II, sirviendo al altar en los servicios secundarios y acompañando al santo papa en la celebración eucarística.
Durante el periodo de las persecuciones, los cristianos eran arrestados, procesados y condenados a morir por el martirio. En las prisiones, deseaban recibir el consuelo final de la eucaristía, pero era imposible entrar. En uno de los intentos, dos diáconos fueron identificados como cristianos y brutalmente sacrificados. El papa Sixto II quería llevar el Pan sagrado a otro grupo de mártires que esperaban la ejecución, pero no sabía cómo.
Fue entonces cuando Tarcisio pidió al santo papa que le dejara intentarlo, pues no entregaría las hostias a ningún pagano. Tenía solo doce años, pero conmovido, el papa lo bendijo y le dio una cajita de plata con las hostias. Pero Tarcisio no logró llegar a la cárcel. En el camino, fue identificado y, como se negó a decir y entregar lo que llevaba, fue abatido y apedreado hasta morir.
Después de muerto, fue registrado y no encontraron nada. Su cuerpo fue recogido por un soldado, simpatizante de los cristianos, que lo llevó a las catacumbas, donde fue sepultado.
Oración:
Oh glorioso San Tarcisio, que ahora en el cielo estáis gozando del premio de vuestro verdadero amor a Dios, de fidelidad y protección constante a la Santa Eucaristía. Bendecid nuestras familias y a los devotos, que buscan en Ti el Amor y el Valor de luchar por Jesucristo.
Quiero, en este día, seguir tu valentía, sintiendo en mi corazón la Santa Eucaristía, siguiendo a Jesucristo, amando y respetando el servicio de su Iglesia, el Magisterio de nuestra Fe.
Líbrame de la maldad y de todo lo que pueda separarme de Dios, del prójimo y de la salvación eterna. Concédeme la gracia que deseo alcanzar (Hacer la petición).
Gracias y alabanzas se den a cada momento, al Santísimo Sacramento.
Amén
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