Patrono:
De la amistad.
Historia:
Juan Bautista nació unos cinco meses antes que Jesús en una región montañosa de Judá. Tanto su padre, el sacerdote Zacarías, como su madre Isabel, eran descendientes de Aarón. Su madre era prima de María, la madre de Jesús.
Sus padres eran personas que amaban a Dios, pero eran personas ancianas e Isabel era estéril, no tenía hijos. Un día, cuando Zacarías ofrecía incienso en el Templo, el ángel Gabriel apareció para decirle que su mujer tendría un hijo y su nombre sería Juan. Sin embargo, su padre dudó y quedó mudo.
El ángel también le dijo que este hijo estaría lleno del Espíritu Santo desde su nacimiento y tendría la tarea de preparar al pueblo de Israel para la venida del Mesías, que es Jesús. Y así fue. Cuando llegó a la edad adulta, se fue al desierto de Judea, donde comenzó a predicar para que las personas dejaran el mal, se arrepintieran de sus pecados y fueran bautizadas. Juan Bautista bautizó en el río Jordán a muchas personas y también bautizó a Jesús.
Sin embargo, muchas personas eran pecadoras y no querían dejar sus pecados, por lo que mandaron matar a Juan y entonces, le cortaron la cabeza y la pusieron en una bandeja por orden del Rey Herodes, El Grande, a petición de Antipas, su hija.
Oración:
Glorioso San Juan Bautista,
Que fuiste santificado en el seno materno, al escuchar tu madre la salutación de María Santísima, y canonizado aún en vida, por el mismo Jesucristo, que declaró solemnemente que no había entre los nacidos de mujeres ninguno mayor que tú; por intercesión de la Virgen y por los infinitos méritos de su divino Hijo, de quien fuiste precursor, anunciándolo como Mesías y señalándolo como el Cordero de Dios que quita el pecado del Mundo, alcánzanos la gracia de dar también nosotros testimonio de la verdad y sellarlo incluso, si es necesario, con la propia sangre, como lo hiciste tú, degollado inicuamente por orden de un rey cruel y sensual, cuyos desmanes y caprichos habías justamente verberado.
Bendice esta tu casa y haz que aquí florezcan todas las virtudes que practicaste en vida, para que, verdaderamente animados de tu espíritu, en el estado en que Dios nos colocó, podamos un día gozar contigo de la bienaventuranza eterna. Así sea.
Amén.
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