Patrono:
De los ingenieros y arquitectos.
Historia:
Tomás o Tomé, como también se le llama, tenía el apodo de Dídimo. Era pescador cuando Jesús lo encontró y lo admitió entre sus discípulos.
Son tres las grandes pasajes de Tomás. La primera es cuando Jesús es llamado a regresar a Judea para socorrer a Lázaro. Su grupo intenta impedir que se arriesgue, ya que había amenazas de los enemigos y Jesús podría ser apedreado. Pero él dijo que iría de todos modos y, afligido, Tomás intimó a los demás: “Entonces vamos también y muramos con él”.
En la segunda, muestra melancolía e incertidumbre. Jesús reunió a los discípulos en el cenáculo y les avisó que había llegado la hora de cumplir las determinaciones de su Padre. Habló con ellos en tono de despedida: “A donde yo voy ustedes saben. Y también saben el camino”. Tomás quería más detalles, quizás incluso tratando de convencer a Jesús de evitar el sacrificio: “Si no sabemos a dónde vas, ¿cómo podremos conocer el camino?”. La respuesta de Jesús pasó a la historia: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.
Y la tercera y definitiva pasaje fue la que más marcó su trayectoria. Fue cuando todos le contaron que Cristo había resucitado, pues él era el único que no estaba presente en el evento. Tomás dijo que solo creería si veía en las manos de Cristo el lugar de los clavos y tocaba su pecho lacerado. Fue entonces cuando Jesús se le apareció y dijo: “Pon tu dedo aquí y ve mis manos!… No seas incrédulo, ¡cree!”. De esta manera, su incredulidad se convirtió en una prueba más de los hechos que cambiaron la historia de la humanidad.
Después de la crucifixión y resurrección, predicó entre los medos y los partos, pueblos que habitaban Persia e India. Murió martirizado con una lanza, según la antigua tradición cristiana.
Oración:
Oh Señor,
os pido perdón por todas las veces que fui incrédulo y no permití que Vuestra mano poderosa dirigiera mi vida. Ahora mi Jesús, por el ejemplo de San Tomás, me coloco a Vuestros pies y clamo con todo mi amor y devoción:
“¡Mi Señor y mi Dios!”
San Tomás, ruega por mí, ahora y siempre.
Amén.
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