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Virgencita de la Cabeza

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Patrona:

Protectora de la cabeza, del cerebro, de la inteligencia, de la sabiduría y de la justicia.

Historia:

La devoción a Nuestra Señora de la Cabeza surgió en la región de Andalucía, sur de España, cuando la Virgen María apareció en Andújar, en el Monte Cabeza.

En 1227, un ex-soldado de las Cruzadas, Juan Alonso de Rivas, que perdió un brazo en la guerra contra los musulmanes, pasó entonces a ser pastor de ovejas en ese lugar.

Allí, en la noche del 12 de agosto, se despertó con el sonido de una campana que hacía tiempo despertaba su curiosidad. Por eso, decidió ir al lugar donde escuchaba el sonido. Llegando a una gruta se encontró con una imagen de Nuestra Señora y escuchó una voz celestial pidiendo que se construyera una iglesia allí. Como prueba de la veracidad del mensaje, Dios, por intercesión de María, le devolvió el brazo perdido a Juan. Donde no había más brazo, apareció uno nuevo y perfecto. Maravillado con tan grande milagro, el pueblo de Andújar, guiado por Juan, construyó la Iglesia que ella había pedido.

Hasta hoy, miles de personas pasan por allí todos los años y millones de gracias son derramadas a partir de este lugar elegido por María.

La cabeza en la mano

de Nuestra Señora de la Cabeza tiene un significado especial. Un hombre inocente había sido condenado a muerte por decapitación en la región de Andújar. Cuando todas las pruebas parecían ir en su contra, pidió a Nuestra Señora de la Cabeza que lo defendiera y no permitiera que su cabeza fuera cortada injustamente. Fue llevado al lugar de la ejecución. Sin embargo, en el momento en que iba a ser decapitado, un mensajero real llegó con la prueba de su inocencia. El hombre fue liberado entonces glorificando a Dios y a la Virgen de la Cabeza. Por eso, la cabeza en la mano derecha de Nuestra Señora de la Cabeza.

Oración:

He aquí, postrado a tus pies, ¡oh madre del cielo y Señora nuestra!

Toca mi corazón para que deteste siempre el pecado
y ame la vida austera y cristiana que exiges de tus devotos.

¡Ten piedad de mis miserias espirituales!

Y, ¡oh Madre tiernísima, no te olvides también de las miserias
que afligen mi cuerpo y llenan de amargura mi vida terrena.

Dame salud y fuerzas para vencer todas
las dificultades que me opone el mundo.

No permitas que mi pobre cabeza sea atormentada por males
que perturben la tranquilidad de la vida.

Por los méritos de tu divino Hijo, Jesucristo,
y por el amor que le consagras, alcánzame la gracia que ahora te pido.

Aquí tienes, ¡oh Madre poderosa, mi humilde súplica.

Si quieres, será atendida.

Nuestra Señora de la Cabeza, ruega por nosotros.

Amén

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