Patrono:
De los Agricultores y de los motociclistas.
Historia:
Caravaggio es una ciudad ubicada entre Venecia y Milán, en Italia. En 1431 fue dominada por los venecianos, y ocurrieron divisiones políticas y religiosas, ataques de bandidos y muchas herejías.
El 26 de mayo de 1432, en ese escenario desolador, ocurrió la aparición de Nuestra Señora a una campesina llamada Joaneta. Maltratada y humillada por su marido, Francisco Varoli, Joaneta recogía pasto, cuando entre lágrimas y oraciones, avistó a una señora, semejante a una reina y llena de bondad. Era Nuestra Señora que apareció a la vidente Joaneta, diciendo ”He conseguido alejar del pueblo cristiano los merecidos y eminentes castigos de la Divina Justicia y vengo a anunciar la Paz”. Pidió también que el pueblo volviera a hacer penitencia, ayunar los viernes y orar en la iglesia, el sábado por la tarde, en agradecimiento por los castigos alejados, y que le fuera erigida una capilla. Así, fue denominada Nuestra Señora de Caravaggio, y al lado de donde estaban sus pies, bro tó una fuente de agua, existente hasta el día de hoy, donde muchos enfermos recuperan la salud.
Joaneta, como verdadera misionera, llevó al pueblo y a los gobernantes el mensaje de María. En sus visitas, llevaba ánforas con agua de la fuente sagrada, que resultaban en curaciones extraordinarias, prueba de la veracidad de la aparición. Pronto la paz fue restablecida en la patria y en la Iglesia.
Un cierto día llegó a la orilla de la fuente milagrosa un hombre incrédulo llamado Graziano. Él tomó una rama seca, la arrojó al agua y dijo: ”Si es verdad que Nuestra Señora pisó esta tierra, reverdezca esta rama”. Cuando el bastón seco tocó el agua, se reverdeció, brotaron ramas, se cubrió de hojas y florecieron flores.
Oración:
Acordaos, oh purísima Virgen María, que jamás se ha oído que dejaseis de socorrer y consolar a quien os invocó implorando vuestra protección y asistencia; así pues, animado con igual confianza, como la madre amantísima, oh Virgen de las vírgenes, a vos recurro; de vos me valgo, gimiendo bajo el peso de mis pecados, humildemente me postro a vuestros pies. No rechacéis mis súplicas, oh Virgen de Caravaggio, sino dignaos oírlas propicias y alcanzarme la gracia que os pido.
Amén
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