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Virgencita del Divino Llanto

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Historia:

Esta hermosa devoción surgió a principios del siglo pasado. La hermana Elisabeth, de la congregación de las hermanas Marcelinas, estaba gravemente enferma. Debido a su enfermedad estaba postrada en cama desde hacía años, había quedado ciega y con fuertes dolores que la debilitaban cada vez más.

Desahuciada por los médicos, lo que podía esperar de esta vida era solo la muerte. Cuando en la noche del 6 de enero de 1924, en medio de un profundo silencio, la hermana Elisabeth comienza a hablar, sorprendiendo a las demás hermanas. La joven hermana conversaba con una señora y decía: ”¡Qué bondadosa es usted! Pero tengo un dolor tan grande que ni siquiera sé cómo ofrecérselo a Dios… ¡rece por mí!”. Bien, la hermosa señora responde a Elisabeth: ”¡Reza! ¡Confía! ¡Espera!” Sonríe y desaparece.

La joven hermana no sabía quién era esa señora y todos pensaban que debido a la enfermedad, podría estar soñando o delirando. Después de la primera aparición, la hermana Elisabeth entra en coma y según el médico, podría morir en cualquier momento.

Los días pasaron y la enfermedad progresaba rápidamente. Hasta que en la noche del 22 de febrero, cuando las enfermeras velaban y rezaban por la agonizante hermana Elisabeth, algo sucedió. La joven hermana se sobresaltó y se sentó en la cama. Con las manos juntas y la mirada fija, conversó con la misma señora, solo que esta vez la reconoció exclamando tres veces que la señora que veía era Nuestra Señora con el Niño Jesús.

La hermana Elisabeth no entendía por qué el niño lloraba. Y Nuestra Señora explica que el Niño está llorando porque no es bastante amado, buscado y deseado, incluso por las personas que le están consagradas… y pide que Elisabeth divulgue este mensaje.

La hermana Elisabeth se sentía pequeña, incapaz de llevar adelante tal mensaje. ¿Quién le creería? Entonces, la joven hermana pidió una señal a Nuestra Señora.

Para Dios nada es imposible. La Virgen Santísima sonríe cariñosamente, se inclina un poco y dice: ”¡Te devuelvo la salud!” Y desapareció con su Niño.

La hermana Elizabeth quedó totalmente curada y vivió por 60 años más, testimoniando y anunciando el mensaje de Nuestra Señora del Divino Llanto.

Oración:

Oh María, Virgen Madre del Niño Jesús,
quisiste mostrar tu protección maternal
a la Congregación de Santa Marcelina.

A ti confiamos, pues, agradecidas, nuestras familias,
las personas que se encomiendan a tu protección
y todas nuestras necesidades espirituales y temporales.

Oh Madre celestial, te ofrecemos las acciones,
las oraciones, los sufrimientos de este día,
en homenaje de reconocimiento y en espíritu de reparación,
mientras te pedimos,
oh Virgen Madre, que hagas vivir a tu Jesús en nuestro corazón
con la plenitud de la gracia divina, en la hora de nuestra muerte.

Concédenos, finalmente, la felicidad de alabarte
y de gozar eternamente en el cielo con tu Divino Hijo.

Amén

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