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Virgencita del Equilibrio

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Patrona:

 

Historia:

Un día de

1967, un monje de la abadía de Fattochie, en Roma, rezaba distraídamente. Y venía a su mente, de manera obsesiva, la palabra “Equilibrio”. Saliendo de la Capilla, fue al desván del monasterio para poner algunas cosas en orden. De repente, cayó en sus manos una ruda y compacta tabla sobre la cual estaba fijada una placa metálica oxidada con el relieve de una orante.

Inspiradamente exclamó: “Santa María del Equilibrio”. Y se la entregó al monje Armando Paniello, que la reprodujo en una estampa con un vestido amarillo, plisado, y largo, velo azul, de la cabeza a los pies, brazos y manos extendidos hasta el regazo, pies descalzos, en esta posición hierática, un equilibrio espiritual.

El 19 de septiembre de 1968, Dom Armando solicitó una audiencia con el Papa Pablo VI. Al recibir la estampa, el Pontífice, radiante y con los brazos abiertos exclamó: “¡Santa María del Equilibrio!… ah, ¡es precisamente de ella que se necesita!”.

“¿Cuál debe ser el día de su fiesta?” – le preguntó el monje.

Y el Papa respondió: “De ella no existe una fiesta, porque debe ser invocada de la mañana a la noche”.

Oración:

Virgen Madre de Dios y de los hombres, María. Pedimos el don del equilibrio cristiano, hoy tan necesario para la Iglesia y el mundo. Líbranos de todo mal; sálvanos del egoísmo, del desánimo, del orgullo, de la presunción y de la dureza de corazón.

Danos tenacidad en el esfuerzo, calma en el fracaso, humildad en el éxito feliz. Abre nuestros corazones a la santidad. Haz que por la pureza de corazón, por la simplicidad y el amor a la verdad, podamos conocer nuestras limitaciones. Alcanza la gracia de comprender y vivir la palabra de Dios.

Concede que, por la Oración, Amor y Fidelidad a la Iglesia en la persona del Sumo Pontífice, vivamos en comunión fraterna con todos los miembros del Pueblo de Dios, Jerarquía y fieles.

Despierta en nosotros un profundo sentimiento de solidaridad entre hermanos, para que podamos vivir, con Equilibrio, nuestra Fe, en la Esperanza de la salvación eterna. Nuestra Señora del Equilibrio, a Vos nos consagramos, confiados en la ternura de vuestra maternal Protección.

Amén

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