Patrona:
De los sordos.
Historia:
A pesar de que María no dijo una palabra en esta aparición, no es por eso que no habla al corazón de cada uno de nosotros.
En una aldea de Knock, situada al oeste de Dublín en 1829, se construyó una pequeña y pobre iglesia parroquial rodeada por un muro de piedra donde no cabían más de 30 personas. Fue dedicada a San Juan Bautista.
Durante todo el siglo XIX, Irlanda sufrió una depresión de su economía a causa de las malas cosechas, sobre todo de la papa. En el año 1879, los agricultores casi no tenían qué comer. Ese año, hubo una desastrosa cosecha de papa lo que anunciaba más miseria y hambre. La gente moría de hambre y de enfermedades, minadas por una vida muy dura.
Bartholomew Cavanah, fue nombrado prior de la iglesia en 1867. Era un santo hombre, profundamente devoto de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción. Sacrificaba de buen grado sus bienes materiales para ir en auxilio de los pobres y hambrientos, y nunca tuvo cuenta bancaria. También consideraba así a las pobres almas del Purgatorio. Considerando a la Virgen María como Madre de Dios y de todos los hijos de Dios, recurría a su intercesión por todos los que estaban en el Purgatorio. De hecho, algunos meses antes de la aparición en Knock, el Padre Cavanah comenzó a decir 100 misas por las pobres almas del Purgatorio que Nuestra Señora más deseara ver liberadas. Sorprendentemente, fue en el día de la centésima misa que Nuestra Señora visitó Knock, al final de la tarde del 21 de agosto de 1879. Fue un don maravilloso que expresó la gratitud de Nuestra Señora y de las almas que fueron al Cielo.
Ese día, el cielo estaba cubierto de pesadas nubes. El Padre Cavanah había ido a visitar parroquianos en regiones vecinas. Esa tarde, una lluvia cerrada empapó su ropa y el pueblo se quedó todo mojado por la noche. Mary McLoughlin, su empleada, encendió la chimenea para secarle la ropa y luego fue a visitar a una amiga, Mary Beirne, que vivía cerca.
Al pasar junto a la iglesia se dio cuenta de extrañas figuras y de un altar junto a la fachada de la iglesia orientada al suroeste. Parecía haber una luz extraña alrededor de esas figuras, pero pensó que era un efecto de la luz brillando a través de la bruma. Pronto pensó que tal vez el prior había encargado algunas imágenes nuevas.
Más o menos al mismo tiempo, otro miembro de la familia Beirne, Margaret Beirne, llegó a la iglesia para cerrarla durante la noche. Ella también se dio cuenta de un brillo extraño que venía del lado suroeste de la iglesia. Pero, apurada por refugiarse, no miró más, ni dijo a nadie nada sobre el brillo esa noche. Cuando terminó la visita, la amiga Mary Beirne acompañó a Mary McLoughlin de regreso, en dirección a la iglesia. Decían que las figuras eran imágenes iluminadas por la luz. Pero, cuando se acercaron, Mary Beirne exclamó:
“¡Pero no son imágenes, están moviéndose. ¡Es la Santísima Virgen!”
Debajo de la pared de la iglesia, tres imágenes estaban de pie. Las dos mujeres tomaron conciencia de que no podían ser imágenes porque esos seres caminaban por encima del monte de hierba debajo de ellos. Todos vestían de blanco y brillaban como plata. Una luz dorada, brillante, los envolvía, así como un altar que estaba colocado un poco detrás de ellos. Sobre el altar estaba un cordero y sobre el cordero se erguía una gran cruz blanca. Seis ángeles con alas que se movían, rodeaban el altar y la cruz.
Mary Beirne entonces corrió a los vecinos más cercanos y les dijo que vinieran a ver “¡la visión maravillosa!” Rápidamente otros se unieron a ellas para ver y rezar frente a la aparición del cielo. Todos los que testimoniaron el acontecimiento, afirmaron que se trataba de la Virgen María con San José a su derecha y San Juan Evangelista, a la izquierda.
La más anciana de las videntes era Bridget Trench, de 75 años. Caminó hacia la visión y, bajo la lluvia, intentó besar los pies de María. Pero no lo consiguió: parecía que María se apartaba un poco. Cuando las manos y la cabeza inclinada de Bridget entraron en el área de la visión, cayó de rodillas en la hierba seca. En esa área, no le cayó encima una gota de lluvia.
Los quince videntes permanecieron fijos en la visita luminosa durante dos buenas horas. Rezaron el rosario en conjunto. Más tarde la aparición se desvaneció.
Durante las semanas y meses que siguieron a la aparición, todo el pueblo continuaba preguntando: “¿Por qué Nuestra Señora les había aparecido?” Multitudes de personas comenzaron a afluir a Knock. Hubo numerosas curaciones y varias de ellas fueron relacionadas con la aplicación de tierra retirada de la pared de la fachada. Tanta tierra sacaron que la pared estaba en peligro de caer. En los primeros tres años que siguieron a la aparición de “Nuestra Señora del Silencio”, el Padre Cavanah registró aproximadamente 300 curaciones milagrosas asociadas con el santuario de Knock.
En 1880, la primera comisión eclesiástica aprobó el testimonio de todos los 15 videntes como “digno de confianza y satisfactorio”. En 1936, pruebas confirmadas y cientos de curaciones milagrosas fueron enviadas a Roma. La aparición de Knock tuvo su aprobación total y el reconocimiento de la Iglesia Católica.
Cien años después de la aparición, en 1979, el papa Juan Pablo II bendijo el lugar con su presencia en la celebración del centenario. Medio millón de peregrinos se unieron en el santuario donde el papa declaró el paso de la Iglesia de Nuestra Señora, Reina de Irlanda, a Basílica.
Oración:
Señora del silencio, enséñame como hiciste, a guardar en mi corazón todas las cosas, pues es en el silencio que escucho todo lo que el Señor tiene que decirme y que el Espíritu Santo sopla sobre mí; y las enseñanzas de su Hijo Jesús. Vos, Señora, supiste hacer silencio, y nosotros tus hijos murmuramos y reclamamos, ven a enseñarnos.
Madre del Silencio, en ti no existe dispersión. En un acto simple y total, tu alma, toda inmóvil, está paralizada e identificada con el Señor. Haznos entender que el silencio no es desinterés por los hermanos, sino fuente de energía y irradiación. Haznos comprender que para derramar hay que llenarse. Ven, Madre, muéstranos cómo hacerlo.
Envuélvenos en tu manto del silencio y comunícanos, la fortaleza de tu Fe, la altura de tu Esperanza, y la profundidad de tu Amor.
Quédate con nosotros, Señora. Oh Madre Admirable del Silencio.
Amén
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