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Santita Alicia

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Patrona:

De los enfermos de la piel, de los que sufren de lepra, ceguera y parálisis.

Historia:

Alicia nació cerca de Bruselas a principios del siglo XIII y demostró, desde pequeña, una inteligencia perspicaz y un espíritu decidido. A los 7 años de edad fue admitida en la abadía benedictina de Cambre, en Bélgica, donde sorprendió a todos por su espiritualidad y ardiente piedad. A pesar de su corta edad, se entregó a la oración y la meditación y comenzó a vivir el milagro de una vida santificada.

Pero pronto contrajo la temida lepra, enfermedad que infundía miedo debido al peligro del contagio. Nadie se atrevía a acercarse a un leproso, y Alicia por estar en un monasterio, ya vivía segregada del mundo, y fue rigurosamente aislada del resto de la comunidad, pasando a vivir encerrada en un ático.

Esta fue la gran prueba que Dios le pidió a Alicia y a la que ella respondió con amor, aceptación y humildad. Sus dolores fueron siempre consolados y aliviados por su profunda devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a quien amó con adoración mucho antes de que su devoción fuera adoptada y propagada por la Iglesia. Padeció durante años, perdió la vista y sus miembros se desprendían bajo la acción de la terrible enfermedad. Pero Alicia hizo de sus sufrimientos una ofrenda a Dios por el bien de los demás y por la conversión de los pecadores.

En 1249 recibió la Unción de los Enfermos y vivió un año más en agonía hasta ser llevada por Dios, completando su purgatorio en la tierra.

Oración:

Señor Dios de Misericordia, por la intercesión de Santa Alicia, dad consuelo y consuelo a los enfermos, especialmente a los que sufren de la enfermedad de Hansen y a todos los portadores de enfermedades contagiosas que sufren abandonados y aislados, sin los recursos básicos para el tratamiento de su enfermedad.

A ejemplo de Santa Alicia, haz que soporten los dolores físicos ofreciéndolos al Señor Jesús. Dadles fuerzas y una fe inquebrantable para que nunca se sientan abandonados. Haced que puedan encontrar en Vos el amor y el consuelo que solo un Verdadero Padre sabe dar.

Amén

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