Patrona:
De los hogares, las familias virtuosas y las personas con dolor de muelas.
Historia:
Isabel era hija de Andrés, rey de Hungría, y nació en un tiempo en que los acuerdos de las naciones se sellaban con el matrimonio. En el caso de Isabel, fue prometida a Luis IV en matrimonio, poco después de su nacimiento en 1207.
Santa Isabel fue a vivir en la corte de su futuro esposo y allí comenzó a sufrir persecuciones por parte de su suegra que, envidiando el amor del hijo hacia la santa, comenzó a calumniarla como derrochadora, ya que tenía gran caridad hacia los pobres. Mujer de oración y generosa en medio de los sufrimientos, Isabel siempre era en todo socorrida por Dios. Cuando ya casada y con tres hijos, perdió a su esposo en una guerra y fue expulsada de la corte por el tío de su fallecido esposo, ahora encargado de la regencia.
Isabel entonces tuvo que refugiarse en un corral de cerdos con los hijos, hasta ser socorrida como pobre por los franciscanos de Eisenach, ya que incluso los mendigos y enfermos ayudados por ella la insultaban, por temor a desagradar al regente. Ayudada por un tío que era Obispo de Bamberg, Isabel pronto fue llamada a regresar a la corte, y sus derechos, así como los de sus hijos, fueron reconocidos, esto porque los compañeros de cruzada del fallecido rey habían regresado con la misión de proteger a Isabel, pues en esto consistió el último pedido de Luis IV.
Santa Isabel no quiso regresar a Hungría; renunció a los títulos, además de ingresar en la Tercera Orden de San Francisco. Fundó un convento de franciscanas en 1229 y se dedicó a servir a los enfermos y afligidos hasta morir, en 1231, con solo 24 años en un hospital construido con sus bienes.
Ciertamente el milagro más famoso fue el llamado Milagro de las Rosas. Una vez, cuando llevaba panes a los pobres en los pliegues de su manto, se encontró con su esposo, que volvía de cazar. El duque extrañó la conducta de su esposa, que parecía esconder algo, y entonces preguntó: “¿Qué llevas en el delantal Isabel?” A lo que la joven princesa respondió, temblorosa: “¡Son rosas, mi señor!” Asombrado al verla encorvada bajo el peso de su carga, abrió el manto que ella apretaba contra su cuerpo y no encontró nada más que bellas rosas frescas, aunque era invierno y no era época de flores. Se dice que de su sobrina, Santa Isabel de Aragón, Reina de Portugal, se cuenta un milagro muy similar.
Oración:
Oh Dios, que diste a Santa Isabel de Hungría reconocer y venerar a Cristo en los pobres,
Concédenos, por su intercesión, servir a los pobres y afligidos con incansable caridad.
Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo, en la unidad del Espíritu Santo.
Amén.



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