Patrono:
De todos los enfermos, especialmente de los que sufren de epilepsia y ceguera.
Historia:
Santa Juliana, que se convirtió en cristiana desde la infancia, fue hija sumisa y obediente a sus padres, incluso teniendo un padre ignorante, violento y pagano. Según la costumbre de la época, fue prometida por su padre a un joven noble llamado Evilasio, adorador de dioses. Cuando la joven tenía 19 años, ella impuso la condición de que solo se casaría con Evilasio si él se convertía.
Ante la condición de Juliana para asumir el matrimonio, Evilasio buscó al padre de la joven prometida a él. Le puso al tanto de la condición de su hija. El padre se enfureció mucho y dio a su hija dos opciones: casarse o enfrentar el tribunal. Evilasio, en calidad de prefecto de la ciudad, la convocó al tribunal para pronunciarse sobre su fe. Juliana era firme y no negó a Cristo, lo que la llevó a la prisión.
En su primera noche en prisión, cuando reinaba el silencio, un ángel luminoso apareció a la joven diciendo: “Juliana, sacrifica a los dioses! Debes obedecer la voluntad del prefecto y del emperador!”
La joven de 19 años no se rindió a esa voz. Y pensaba, en oración: “¿Dios enviaría un ángel para pedirme eso? ¡Imposible!”. Eso solo podía ser obra del tentador, del demonio. Orando con fervor, suplicó al Señor que le diera fuerzas para vencer al ángel caído que la tentaba.
Evilasio hizo a la joven Juliana las propuestas más bellas. Le prometió todo, si ella renunciaba a Cristo y aceptaba casarse con él. Todas las propuestas del entonces prefecto fueron en vano. Juliana estaba irreversiblemente decidida. Fue sometida a tormentos, que no lograron convencerla. Entonces, enfurecido, el frustrado novio la condenó a ser decapitada. Y así se hizo.
El cuerpo de la santa virgen fue sepultado en Nicomedia (actual Turquía), pero, tiempo después, fue trasladado a Italia, permaneciendo hasta hoy en Nápoles.
Oración:
Oh fiel esposa de Jesús y humilde sierva de María, Santa Juliana, tú que por la práctica de las virtudes más heroicas, especialmente la virtud de la penitencia y del amor de Jesús en el Santísimo Sacramento, llegaste a la cumbre más alta de la perfección cristiana y mereciste ser alimentada milagrosamente con el Pan de los Ángeles en tu agonía, alcánzame la gracia de vivir una vida santa en el ejercicio de cada deber cristiano y de ser capaz de recibir en el momento de la muerte el consuelo de los santos sacramentos, de modo a ir contigo para la bienaventurada felicidad del cielo.
Amén
Mensaje:



los comentarios están cerrados