Patrona:
De los oftalmólogos y de aquellos que tienen problemas de visión.
Historia:
Santa Lucía nació alrededor del año 280 d.C. en Siracusa, Italia, siendo hija de padres nobles.
Perdió al padre siendo aún muy pequeña, fue criada por su madre Eutiquia y a través de esta conoció el amor de Nuestro Señor Jesucristo y la verdad cristiana, donde decidió entonces consagrarse haciendo votos perpetuos de castidad.
Eutiquia comenzó a sufrir de una grave enfermedad hemorrágica y Lucía sugirió a su madre que visitaran la tumba de Santa Águeda, muy venerada en la época, en la ciudad de Catania, creyendo que obtendrían el milagro de la cura. En el lugar, Lucía pidió a su madre que suplicara la intercesión de la Santa junto a Jesús por el milagro deseado.
Santa Lucía tuvo entonces una visión de Santa Águeda diciéndole que ella misma ya había conseguido, con su fe, la cura de Eutiquia. Inmediatamente Lucía oró al amor de Jesús y su madre quedó libre de la enfermedad.
Volviendo a su ciudad donaron todos sus bienes y riquezas a los pobres.
Un joven, enamorado de Lucía y con rabia por los votos de dedicación al cristianismo y un supuesto acuerdo familiar de matrimonio deshecho, denunció a la santa ante las autoridades locales, que bajo las órdenes de los romanos perseguían y apresaban a los seguidores de Cristo. Lucía fue presa y al no abdicar de su fe y de su amor a Jesús, fue condenada a muerte.
Cuenta la tradición que antes de la muerte fue dicho que la llevaran a la peor parte de la ciudad para que fuera prostituida, pero ni los soldados más fuertes consiguieron retirarla del lugar, firme e inmóvil como una columna, pues Dios no permitiría tal tortura y que rompiera sus votos a Él dedicados.
También le arrancaron sus lindos ojos como terrible castigo, pero cuál no fue la sorpresa que al día siguiente Lucía tenía nuevamente sus ojos intactos restituidos por el amor de Dios, como si nunca se los hubieran quitado.
Oración:
Oh, Santa Lucía, que preferiste dejar que tus ojos fueran sacados y arrancados antes de negar la fe y manchar tu alma; y Dios, con un milagro extraordinario, te devolvió otros dos ojos sanos y perfectos para recompensar tu virtud y tu fe, y te constituyó protectora contra las enfermedades de los ojos, recurro a ti para que protejas mis vistas y cures la enfermedad de mis ojos. Oh, Santa Lucía, conserva la luz de mis ojos para que pueda ver las bellezas de la creación. Conserva también los ojos de mi alma, la fe, por la cual puedo conocer a mi Dios, comprender sus enseñanzas, reconocer su amor para conmigo y nunca errar el camino que me llevará donde tú, Santa Lucía, te encuentras, en compañía de los ángeles y el santuario. Santa Lucía, protege mis ojos y conserva mi fe.
Amén.
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