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Santita Marina

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Patrono:

Intercesora en las grandes pruebas, enfermedades y calumnias.

Historia:

Marina nació en el Líbano, en el siglo VI. Su padre se llamaba Eugenio y era un cristiano fervoroso, y su madre falleció cuando Marina aún era una niña. Hija única, su padre la educó en la fe cristiana, y los dos desarrollaron una profunda relación.

Un día, cuando Marina ya era joven, su padre le habló del gran deseo de convertirse en monje, pero para ello, tendría que renunciar a todos sus bienes y donarlos a los pobres. Tal decisión, sin embargo, dejó a Marina inconsolable, pues tendría que separarse definitivamente de su padre a quien tanto amaba, ya que en el monasterio no pueden entrar mujeres.

Viendo que su padre estaba decidido y buscando una manera de permanecer cerca de él, Marina propuso ingresar también en el monasterio, pero vestida como hombre. Eugenio aceptó feliz la resolución de su hija. Vendió todos los bienes que poseía y los donó a los pobres. Marina cortó su cabello, se disfrazó de hombre joven cuyo nombre pasó a ser ”Marino”. Así, ambos ingresaron en el monasterio.

Eugenio y ”el joven Marino” comenzaron a vivir en virtud y en una vida de oración. Los monjes nunca sospecharon que “Marino” fuera una mujer.

Poco tiempo después, Eugenio falleció, pero ”Marino” decidió seguir viviendo en el monasterio, continuando con sus prácticas de oración, ayunos, sacrificios y caridad.

Una vez al mes, cuatro monjes salían a pedir limosnas y fondos para la supervivencia del monasterio. Entonces, llegó el turno de ”Marino” y otros tres monjes de cumplir esta misión. En el camino que debían recorrer, había una posada donde los monjes solían quedarse. ”Marino” y los demás pasaron allí una noche y continuaron su viaje. El dueño de la posada tenía una hija que había sido embarazada por un soldado. Este, sin querer asumir al hijo, convenció a la joven de acusar a ”Marino”, el bello monje que había pasado una noche en la posada tiempo atrás. El padre de la joven, al conocer el hecho, se lo contó al abad del monasterio.

”Marino” no se defendió, aunque era inocente. Al contrario, prefirió callarse, pues le había prometido a su padre que nunca revelaría que era mujer. Por ello, el abad lo expulsó del monasterio, y el niño, después de nacer, fue entregado a ”él” para que lo cuidara. Durante tres años ”Marino” cuidó del bebé, lo crió y vivió a las puertas del monasterio, implorando a Dios misericordia y viviendo de la caridad de los demás.

Viendo el sufrimiento y la rectitud de ”Marino”, el abad lo admitió nuevamente como monje en el monasterio y devolvió al niño a su madre. Sin embargo, impuso a ”Marino” los trabajos más pesados y humillantes como forma de penitencia por el supuesto pecado que él había cometido. Debido al trabajo pesado, las dificultades y los ayunos que practicaba, ya muy débil, murió.

Cuando los monjes prepararon el cuerpo para el entierro, finalmente descubrieron que ”Marino” era mujer. En consecuencia, inocente. Lloraron y se arrepintieron por haber tratado injustamente a una persona inocente. El cuerpo de Santa Marina fue enterrado en el propio monasterio, con himnos y salmos de alabanza a Dios, agradeciendo por la pureza y santidad de la santa.

Se relataron varios milagros por intercesión de Santa Marina. En el año 1230 sus restos mortales fueron trasladados a Venecia, donde son venerados hasta el día de hoy en la iglesia Santa Marina Formosa.

Oración:

Oh adorable y humilde Santa Marina, que renunciaste al confort y te entregaste a la humillación pública por obediencia al proyecto de Dios, te ruego que me muestres el mejor camino a seguir, para el servicio al prójimo y la gloria de Nuestro Señor Jesucristo. Ayúdame a ser siempre humilde y benevolente, como fuiste tú. Aleja de mi vida la arrogancia y el sentimiento de superioridad que nos alejan del amor de Cristo. Intercede por mí ante el padre, para que alcance la gracia que fervorosamente deseo (hacer la petición). Prometo que continuaré en el camino de la fe y la humildad, no olvidándote y manteniendo mi devoción en los tiempos de bonanza. Además, prometo llevar tal devoción por toda mi vida, permaneciendo en el proyecto de Dios y en la caridad para con los más necesitados.

Amén

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