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Santito Guillermo

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Patrono:

De la ciudad de Irpínia.

Historia:

Guillermo nació en Vercelli en 1085, pero quedó huérfano siendo niño y, a pesar de su origen noble, a los 15 años ya era monje y realizaba diversas peregrinaciones a los santuarios europeos. Vivía como ermitaño en las montañas, y un día decidió realizar una caminata hasta Tierra Santa, haciendo de esta su mayor peregrinación. Aunque algunos compañeros trataron de disuadirlo de esta idea, Guillermo se mantuvo firme y partió.

Sin embargo, en el camino fue brutalmente asaltado, siendo golpeado violentamente.

El incidente lo llevó a buscar la soledad en la región cercana a Avellino, en la montaña de Montevergine. Era una tierra habitada solo por animales salvajes, donde, según la tradición, un lobo mató al burro que le servía de transporte. Guillermo entonces domesticó a toda la manada, que pasó a prestarle todo tipo de ayuda.

En 1128 fundó un monasterio masculino, que puso bajo las reglas benedictinas y dedicó a María, conocido como el Monasterio de Montevergine.

Deseando intensamente la soledad, se dirigió a la llanura de Goleto, no muy lejos de allí, donde, durante un año entero, vivió dentro del hueco de un árbol gigantesco. Y así fue descubierto de nuevo y otra comunidad se formó a su alrededor. Esta vez tuvo que fundar un monasterio masculino y otro femenino. Sin embargo, creó dos unidades distintas, cada una con su sede y su propia iglesia.

Así nacieron muchos monasterios en Irpínia y en Puglia. De este modo, él, que solo deseaba ser un monje peregrino en Tierra Santa, fundó la Congregación Benedictina de Montevergine, que floreció durante muchos siglos.

Guillermo murió el 25 de junio de 1142, en el monasterio de Goleto. Sus restos fueron trasladados en 1807 al santuario del Monasterio de María de Montevergine, el primero que fundó, hoy uno de los más hermosos santuarios marianos existentes.

Oración:

Oh glorioso San Guillermo, tú que en vida santificaste Montevergine con tus virtudes y con los milagros que el Señor obró a través de tus manos, y después de la muerte, hiciste precioso el Santuario de Montevergine como reposo de tu santo cuerpo: escucha atento nuestras súplicas y haznos firmes y perseverantes en el testimonio de una auténtica vida cristiana. Continúa anunciando a nuestras mentes y corazones el mensaje evangélico con la misma prodigiosa eficacia que te caracterizó en vida, para que, como fervorosos apóstoles de la gloria del Señor y del culto a la Virgen María, podamos un día participar contigo en el cielo del fruto maduro de nuestra redención.

Amén

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