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Santito Manoelzinho

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Patrono:

De los diplomáticos.

Historia:

San Manoel (o Manuel) nació en la ciudad de Persia, alrededor del año 340, donde gobernaba Sapor II, terrible enemigo de los cristianos. Su padre era el Arqui-mago y sacerdote de los ídolos, pero permitía que su mujer, cristiana, educara a los hijos en el cristianismo.

Manoel fue enviado a Constantinopla, junto con sus hermanos Ismael y Sabel, para firmar un Tratado de Paz entre su patria, Persia y el Imperio Romano. Baltano, que gobernaba Constantinopla, los envió a Roma para tratar directamente con el Emperador Juliano.

Juliano recibió a Manoel y sus hermanos con honores de Estado en su palacio, tratando de seducirlos a sus creencias por medio del lujo, pero ante la negativa de los embajadores cristianos de rendir culto al Sol y a otros dioses paganos, ordenó que se les impusiera la pena a que eran condenados los cristianos: el martirio.

Siendo Manoel el primogénito, fue atravesado con un clavo de hierro en cada hombro y otro le atravesó de oído a oído. Después de su muerte y de la de sus hermanos, un fuerte temblor de tierra enterró sus cuerpos antes de que fueran reducidos a cenizas, como quería Juliano.

El castigo de Dios contra el emperador no tardó. Los persas, ofendidos por la matanza de sus embajadores, redoblaron sus esfuerzos en la guerra y lograron un giro en la situación. El propio emperador Juliano fue herido de muerte, donde habría dado un grito de desesperación contra Cristo, con estas palabras: ”¡Venciste, oh Galileo!”

Con su muerte, terminó definitivamente la persecución, y la Iglesia volvió a vivir en paz.

Oración:

Oh! Glorioso Mártir San Manoel, perfecto modelo de paciencia que soportaste toda clase de humillaciones, hasta derramar tu sangre y llegar al punto de dar tu vida por amor a Jesús, todo esto con la paciencia más perfecta; alcánzanos de Jesús, abrazar siempre con todo amor la pequeña cruz de las contrariedades y aflicciones, inevitables en esta vida.

A tu poderosa intercesión recurro lleno de confianza. Enséñame a vencer los movimientos de la ira y la impaciencia, aceptando valientemente las humillaciones que las personas me hagan, para demostrar mi amor a nuestro amable Señor, Jesucristo, a quien se le den todas las honras y glorias por todos los siglos de los siglos.

Amén

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