Patrono:
De los cocheros y los entrenadores de caballos.
Historia:
San Marcelo se convirtió en Papa en un período terrible para Roma, poco después de la caída del emperador Diocleciano, siendo uno de los primeros mártires del cristianismo.
Su función era reorganizar parroquias devastadas por el terrible emperador de Roma. Marcelo entonces impuso que el castigo debería ser dado de acuerdo con el tamaño del crimen.
Pero esta decisión fue repudiada y todos estuvieron en su contra, tanto que el emperador Majencio lo mandó al exilio.
Ya no era Papa, sino “esclavo del Emperador”, trabajó en establos con grandes humillaciones. Nueve meses después, logró escapar y fue encontrado en harapos, herido, por una señora muy piadosa que por su vida llegó a ser canonizada (Santa Lucina), quien lo cuidó, acogiendo en su casa.
Así que se recuperó, Marcelo retomó sus actividades sacerdotales, transformando el hogar de aquella señora en una iglesia improvisada.
Allí catequizaba, celebraba misas, escuchaba confesiones y bautizaba. Pero cuando el Emperador supo de esto, ordenó que algunos esclavos invadieran el lugar y pusieran ganado y caballos dentro de esa casa de oraciones, como una forma de sacarlo de allí y dejarlo sin lugar para vivir.
Pero Marcelo permaneció hasta la muerte y aún cuidó de los animales. Murió como consecuencia de los malos tratos, el día 16 de enero de 309, y la Iglesia declaró a Marcelo I santo y mártir de la fe. Sus reliquias están guardadas en la Cripta de los Papas en el cementerio de Santa Priscila, en Roma.
Oración:
Padre Celestial, dador de vida y santidad, dígnate concederme el don de la fe y vivir al servicio de tu evangelio.
Haz que yo sea un cristiano honesto y solidario y aprenda de san Marcelo el valor de la bondad y la acogida.
Por Cristo Nuestro Señor.
Amén
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