Patrono:
De los carpinteros.
Historia:
Matías es el decimotercer apóstol, pues fue elegido para ocupar el lugar de Judas Iscariote en el grupo de los doce, quien se suicidó después de percatarse del grave error que cometió. El número 12 era muy importante para el grupo de los Apóstoles, pues simbolizaba las 12 tribus de Israel que, a su vez, simboliza todo el pueblo de Dios.
Después de la Ascensión de Jesús, Pedro dijo a los demás discípulos: “Hermanos, en Judas se cumplió lo que de él se había anunciado en la Sagrada Escritura. El salmo 109 ordena que otro reciba su cargo. Conviene, entonces, que elijamos uno para el lugar de Judas. Y el elegido debe ser de los que estuvieron entre nosotros todo el tiempo en que el Señor convivió entre nosotros, desde que fue bautizado por Juan Bautista hasta que resucitó y subió a los cielos.” Y presentaron dos: José, llamado Barsabás, y Matías. Y, orando, dijeron: “Tú, Señor, conocedor de los corazones de todos, muestra cuál de estos dos has elegido, para que tome parte en este ministerio y apostolado, de que Judas se desvió, para ir a su propio lugar. Y, echándoles suertes, cayó la suerte sobre Matías. Y por voto común fue contado con los once apóstoles.”
Según la tradición Matías evangelizó en Judea, Capadocia y luego en Etiopía. Sufrió persecuciones y el martirio, murió apedreado y decapitado en Jerusalén, testificando su fidelidad a Jesús.
Hay registros de que Santa Elena, madre del emperador Constantino, mandó trasladar las reli
quias de San Matías a Roma, donde una parte está guardada en la iglesia de Santa María Mayor, en Roma. El resto de ellas se encuentra en la antiquísima iglesia de San Matías en Treves, en Alemania, ciudad que la tradición dice haber sido evangelizada por él y de la cual los devotos lo tienen como su patrono.
Oración:
San Matías, ahora eres testigo del Señor, como apóstol llamado en lugar del traidor. Del perdón de Dios descreyendo, Judas vino a ahorcarse; como el salmo anunciaba, pase a otro su lugar. Por propuesta de San Pedro, que preside la reunión, lanzan suerte, y he aquí tu nombre! ¡Qué sublime vocación! Y a tal punto te consagras en llevar al mundo la luz, que proclamas con tu sangre el evangelio de Jesús. Da que todos en esta vida recorramos con amor el camino revelado por la gracia del Señor. Uno y Trino, Dios derrame sobre nosotros su luz; conquistemos la corona, abrazando nuestra cruz!
Amén



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