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Virgencita de los Navegantes

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Patrona:

De los navegantes y de los viajeros.

Historia:

Nuestra Señora de los Navegantes es un título dado a la Madre de Jesús, María.

La fe y la designación Nuestra Señora de los Navegantes tienen su inicio en el siglo XV, con la navegación de los europeos, especialmente con los portugueses. Las personas que viajaban por el mar pedían protección a Nuestra Señora para regresar a sus hogares. María era vista como protectora de las tormentas y demás peligros que el mar y los ríos ofrecían.

La primera estatua fue traída de Portugal junto con los navegantes. Pedro Álvares Cabral traía en su nave capitana una imagen de Nuestra Señora de la Buena Esperanza, siendo llevada hasta la India, donde se erigió una capilla en su honor y allí permaneció hasta el siglo XVII bajo la custodia de franciscanos y bajo el mantenimiento de los descendientes de Cabral. Actualmente, la imagen está en la Iglesia de la Sagrada Familia, en Belmonte, Portugal.

Nuestra Señora de los Navegantes llegó a Brasil a través de los navegantes portugueses y españoles. En Porto Alegre, ciudad de colonización azoriana, Nuestra Señora de los Navegantes fue declarada la patrona de la ciudad.

Todos los años se realiza una procesión fluvial en el Río Guaíba. La fiesta se celebra todos los días 2 de febrero, y la procesión en honor a Ella reúne a más de 100 mil personas.

Oración:

Oh Nuestra Señora de los Navegantes, Santísima hija de Dios, creador del cielo, de la tierra, de los ríos, lagos y mares; protégeme en todos mis viajes.

Que vientos, tormentas, rayos o resacas no perturben mi embarcación, y que ninguna criatura, ni incidentes imprevistos causen alteración y atraso en mi viaje, o me desvíen de la ruta trazada.

Virgen María, Señora de los Navegantes, mi vida es la travesía de un mar furioso. Las tentaciones, los fracasos y las desilusiones son olas impetuosas que amenazan hundir mi frágil embarcación en el abismo del desánimo y de la desesperación.

Nuestra Señora de los Navegantes, en las horas de peligro pienso en ti y el miedo desaparece; el ánimo y la disposición de luchar y de vencer, vuelven a fortalecerme. Con tu protección y la bendición de tu Hijo Jesús, la embarcación de mi vida, ha de anclar segura y tranquila en el puerto de la eternidad.

Amén

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