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Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia

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Patrona:

De los Clérigos Regulares de San Pablo Apóstol.

Historia:

La historia de este título a Nuestra Señora comienza con la demolición de un convento ubicado en Italia (Piazza Colonna). En una de sus paredes había un cuadro al óleo de Scipione Pulzone donde se representaba a la Virgen María trayendo en sus brazos al niño Jesús, que al ser transportado al nuevo lugar donde se instalaría el convento, se rompió.

El arquitecto entonces responsable de la obra, sintió el deber de regalar a la iglesia un nuevo cuadro y así lo hizo, colocándolo expuesto en el altar. Mucho tiempo después, se encontraron manuscritos sobre la construcción de la iglesia y en ellos estaba el escrito del sacerdote fundador, en el cual decía que Nuestra Señora había sido la única providencia con la que él había podido contar para terminar la obra. Entonces, tomados de mucha emoción, mandaron hacer una copia del cuadro donado por el arquitecto, la cual fue colocada en el pasillo que conducía del convento a la iglesia. Debajo de él, la siguiente inscripción: Mater Divinae Providentiae (Madre de la Divina Providencia).

El culto a Nuestra Señora de la Divina Providencia tuvo inicio en Italia alrededor del siglo XII, y fue oficializado por la Santa Sede en el siglo XVIII. Esta devoción fue traída a América por el Monseñor Gil Esteve y Tomás, obispo de Puerto Rico. Él era de la congregación de los padres barnabitas y trajo consigo de Cataluña, España, una copia del cuadro y a Nuestra Señora de la Divina Providencia ofreció un altar en la Catedral.

La actual capilla de Nuestra Señora Madre de la Divina Providencia está en la Iglesia de San Carlos ai Catinari, en Roma.

Oración:

Oh María, Madre de la Divina Providencia, me entrego enteramente a Vos.
Orientad mi vida y obtenedme la gracia de cumplir fielmente la voluntad divina.
Alcanzadme el perdón de los pecados y sed mi protección y guía todos los días de mi vida.
Amparadme en las horas de lucha y sufrimiento.
Ayudadme, oh María, a conseguir la renovación interior de mi corazón, para que en él pueda acoger a vuestro Divino Hijo, Jesús.
Libradme de todo mal y de todo lo que pueda ser obstáculo a la eficacia de vuestra protección.

Oh dulce Madre de la Providencia, lanzad una mirada maternal sobre mí, y si ofendí el Sagrado Corazón de Jesús, cubridme con el manto de vuestra protección y seré salvado.
Vos sois mi esperanza en este mundo; guiad con seguridad mis pasos hasta la vida eterna.

Amén

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