Patrona:
De las víctimas de tortura.
Historia:
Julia nació de padres romanos nobles de África y vivía una vida simple y dedicada a Dios. Cuando era bastante joven, en 436, su ciudad fue conquistada por los vándalos, liderados por Genserico. Julia fue capturada y vendida como esclava a Eusebio, un comerciante pagano sirio, pero ella no se quejó ni se sintió triste, pues comprendió que era la voluntad de Dios. Aceptó todo y desempeñó las tareas más humildes con una alegría maravillosa. Amó a Dios con todo su corazón. En sus horas libres y con autorización de su propio amo, leía libros santos y rezaba fervorosamente.
En el año 450, su dueño decidió llevarla a Francia. En el camino, se detuvieron en una villa, en la isla de Córcega, para asistir a un festival pagano. Julia se negó a ir. Sin embargo, se detuvo en la puerta del templo local y, de rodillas, rezó para que Jesús convirtiera a todas esas personas.
Félix, el gobernador de esa región, se sintió muy disgustado con ella porque no se unió al festejo. Invitó a Eusebio a un banquete en su palacio y le ofreció cuatro de sus mejores esclavas a cambio de ella. Su dueño se negó, ya que tenía un gran afecto por Julia, quien era una sirvienta muy fiel y buena.
Mientras el comerciante dormía, el gobernador hizo que Julia ofreciera sacrificios a sus ídolos. Le prometió darle la libertad si consentía en abandonar el cristianismo. Ella se negó diciendo que la única libertad que deseaba era la de servir a Jesús. Entonces, Félix ordenó que la flagelaran. Julia fue sometida a todo tipo de torturas; le arrancaron el cabello, la golpearon severamente y sin piedad, pero ella permaneció impávida.
“Confieso a Aquel que por mi causa fue golpeado, coronado con espinas y crucificado en la Cruz. Soy Su sierva y estoy lista para compartir Sus sufrimientos”, dijo la joven con valentía.
Finalmente, fue crucificada y arrojada al mar. Cuando Eusebio despertó, era demasiado tarde.
Ella aceptó el sufrimiento como una contribución para que el cristianismo creciera y diera frutos. Su cuerpo fue encontrado, el 22 de mayo de 450, aún clavado en la cruz, flotando en el mar, por los monjes del convento de la isla vecina de Gorgona. Luego lo transportaron a la isla, lo sacaron de la cruz, lo ungieron y lo colocaron en un sepulcro.
En el año 762, la reina Ansa, esposa del rey lombardo Desiderio, mandó trasladar las reliquias de Santa Julia a Brescia, propagando aún más su veneración entre los fieles. Un año después, el Papa Pablo I consagró a Santa Julia una iglesia en esa ciudad.
Oración:
Oh Dios, que concediste a Santa Julia la gracia de superar los más duros obstáculos para preservar su fe en Jesucristo, concédenos también a nosotros la gracia de la perseverancia hasta el final. Que, por intercesión de Santa Julia, tengamos la misma fuerza ante los obstáculos de la vida y que podamos superarlos con coraje y dulzura, por la fuerza del Espíritu Santo. Santa Julia, ruega por nosotros.
Amén
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