Patrona:
De las madres, las viudas e intercesora contra las enfermedades de la piel.
Historia:
Sofia, que significa “sabiduría de Dios”, nació en Roma, entonces gobernada por el emperador Adriano, cerca del año 130. Sufrió una gran persecución, principalmente por Antíoco, que era el prefecto de Roma en ese momento. Santa Sofia se convirtió al cristianismo siendo muy joven.
Sofia se casó y tuvo tres hijas: Pistis (Fe), Elpis (Esperanza) y Ágape (Caridad). Estos nombres los eligió cuando llevó a sus hijas a bautizar. Quedó viuda y, sola, cuidaba de las hijas. Así, las educó en la fe cristiana y se convirtió en un ejemplo de mujer virtuosa en Roma.
Debido a su fama en la ciudad y a la persecución contra los cristianos, el prefecto de la ciudad arrestó a Sofia y sus tres hijas. La crueldad llegó a tal punto que, en presencia de la madre, el prefecto torturó una por una a sus hijas, para que ella renunciara a su fe cristiana y adorara a los dioses romanos. La Santa y sus tres hijas, sin embargo, se mantuvieron firmes en la fe.
Los torturadores ataron a Sofia para que presenciara las torturas de sus hijas. La primera hija, Fe, fue atada, le rompieron los brazos y piernas, y la azotaron hasta su muerte. La segunda, Esperanza, fue colocada en una olla con betún caliente hasta que murió. Y la tercera, Caridad, fue decapitada. Todas fueron torturadas frente a la madre, pero Sofia, sostenida por la fuerza divina, permaneció rezando por ellas y dándoles fuerzas para que aguantaran sin flaquear en la fe. Todas murieron rezando junto con la madre.
El prefecto, al ver que Sofia no renunciaría a su fe, decidió dejarla viva, para que sufriera moralmente la pérdida de sus hijas. Sofia sufrió, sí, el trauma de la muerte y la falta de sus hijas, pero permaneció firme en la fe y alentando a todos los que encontraba. Su consuelo era saber, con certeza en el corazón, que sus hijas dieron la vida por Jesús y estaban en la gloria de Dios.
Después de la muerte de las hijas, Sofia perdió todo lo que tenía: bienes, casa, familia, pero continuó llevando a muchas personas al cristianismo.
Algún tiempo después, mientras rezaba sobre la tumba de sus tres hijas, Santa Sofia cayó muerta sobre ella. Fue sepultada en la misma tumba de sus hijas.
Oración:
Santa Sofia, Sabiduría de Dios, encontraste en la contemplación de Cristo Crucificado fuerza y valor para tu vida. No despreciaste la vida en la tierra, porque tus ojos fijos en Cristo encontraban un mejor sentido para todo lo que debías hacer. Indicabas a muchas personas el verdadero camino a seguir, buscando en la vida de Cristo en el Evangelio, la fuente de inspiración para convivir mejor con todos. Ayúdame a participar más de nuestra religión. De Dios, que es Padre, espero confiado todo lo que necesito para mi felicidad. Enséñame a ser siempre agradecido por todo lo que sucede en mi vida. Quiero que también ayude a otras personas a conocer y sentir la bondad de Dios.
Amén
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