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Santito Henrique

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Patrono:

De los oblatos, de las personas en el poder y de los no nacidos.

Historia:

El emperador Enrique II, llamado Enrique el Piadoso, nació en Baviera el 6 de mayo de 973. Cuando era niño, San Wolfgang, su maestro, tuvo una visión profética. Vio al joven Enrique junto a su tutor, el obispo, leyendo el libro de los Salmos, y el monje le dijo: “Escruta de continuo estos salmos, hijo mío, y aplícate a esta lectura, porque algún día tú serás Rey de los Romanos, y entonces harás bien en cumplir piadosamente lo que ahora lees y estudias”. Estas palabras proféticas se cumplieron.

Tras la muerte de su padre en 995, se convirtió en Duque de Baviera, y cinco años después, al ser asesinado el emperador Otón III, fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Enrique contrajo matrimonio con Santa Cunegunda, una piadosa dama. Enrique y Cunegunda hicieron votos de castidad, viviendo

siempre una relación pura. No tenían hijos, razón por la cual los santos Enrique y Cunegunda fueron considerados patronos de los no nacidos, de las mujeres que tienen dificultad para quedar embarazadas y de las que buscan la gracia de dar a luz a un hijo.

Durante su reinado, se esforzó por extender el cristianismo en todos los reinos paganos que conquistó. Sus conquistas y guerras, aunque trágicas, llevaron la paz a muchos pueblos. Fundó el convento de Bamberg y reformó los monasterios de Hersfeld y Fritzlar. Dotó espléndidamente las iglesias y los monasterios. Luchó contra las invasiones paganas de las tierras cristianas y cuidó con mucha atención a la Iglesia, promoviendo la elección de obispos celosos.

Falleció en Grona, cerca de Halberstadt, el 13 de julio de 1024. El Papa Eugenio III lo canonizó el 14 de marzo de 1146. Sus restos y los de Cunegunda están en la catedral de Bamberg.

Oración:

San Enrique, ruega por nosotros y por los que tienen dificultad para concebir un hijo. Intercede por nosotros ante el Señor para que nunca olvidemos de la misión que tenemos en esta vida: amarlo sobre todas las cosas y anunciar su nombre a todas las personas. Que por tu ejemplo podamos siempre buscar la santidad y así un día encontrarnos con el Señor en el cielo.

Amén

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