Patrón:
De los contadores, economistas y auditores fiscales.
Historia:
En la época en que Palestina era solo una provincia romana, los impuestos cobrados eran onerosos y pesaban brutalmente sobre los hombros de los judíos. La cobranza de estos impuestos era realizada por arrendadores públicos, considerados hombres crueles. Uno de los peores arrendadores de la época era Leví, quien más tarde cambiaría su nombre a Mateo, el “don de Dios”. Un día, después de predicar, Jesús caminaba por las calles de la ciudad de Cafarnaúm y se encontró con el cruel Leví. Lo miró firmemente a los ojos y dijo: “Sígueme”. Leví, de inmediato, se levantó, abandonó su lucrativo negocio, cambió de vida, de nombre y siguió a Jesús.
San Mateo fue el primer apóstol en escribir un libro contando la vida y muerte de Jesucristo, al cual llamó Evangelio. Cuando el apóstol San Bartolomé viajó a la India, llevó consigo una copia.
Después de la muerte y resurrección de Jesús, los apóstoles se dispersaron por el mundo y Mateo fue a Arabia y Persia para evangelizar a esos pueblos. Sin embargo, fue víctima de una gran persecución por parte de los sacerdotes locales, quienes ordenaron que le arrancaran los ojos y lo encarcelaran para luego ser sacrificado a los dioses. Pero Dios no lo abandonó y envió un ángel que curó sus ojos y lo liberó. Mateo siguió, entonces, a Etiopía, donde una vez más fue perseguido por hechiceros que se oponían a la evangelización. Sin embargo, el príncipe heredero murió y Mateo fue llamado al palacio. Por una gracia divina hizo que el hijo de la reina Candace resucitara, causando gran asombro y admiración entre los presentes. Con este acto, Mateo logró convertir a gran parte de la población. En esa época, la Iglesia de Etiopía pasó a ser una de las más activas y florecientes de los tiempos apostólicos.
San Mateo murió por orden del rey Hitaco, sobrino del rey Egipo, en el altar de la iglesia donde celebraba el santo oficio de la misa. Esto ocurrió porque no intercedió a favor de la solicitud de matrimonio hecha por el monarca, y rechazada por la joven Efigenia, quien había decidido consagrarse a Jesús. Inconforme con la actitud del santo hombre, Hitaco ordenó que sus soldados lo ejecutaran.
En el año 930, las reliquias mortales del apóstol San Mateo fueron transportadas a Salerno, en Italia, donde, hasta hoy, es celebrado como patrón de la ciudad. La Iglesia determinó el día 21 de septiembre para la celebración de San Mateo, apóstol.
Oración:
San Mateo, San Mateo, nuestro Santo Protector!
Como pronto no temiste el rencor de los mundanos, haz que afrontemos todo para seguir al redentor.
Glorioso San Mateo que seguiste a Jesús, intercede con cariño por el pueblo del señor.
De publicano eras, gran apóstol te convertiste escribiendo el evangelio tu fama proclamaste.
Glorioso San Mateo que seguiste a Jesús, intercede con cariño por el pueblo del señor.
El pueblo de San Mateo con gran fervor pide tu poderoso auxilio ante el trono del señor.
Glorioso San Mateo que seguiste a Jesús, intercede con cariño por el pueblo del señor.
San Mateo, San Mateo, nuestro santo protector!
Glorioso apóstol San Mateo, mi amado protector, danos la gracia que es necesaria para cumplir con prontitud los designios del señor!
Amén.
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